viernes, 30 de noviembre de 2018

Beneficios del pimiento


El pimiento es originario de América del Sur, donde ya se cultivaba desde hace varios milenios.

Los indígenas lo llamaban chile o ají, pero Colón le puso un nombre diferente. Como decía que picaba más que la pimienta, supuso que debía de tratarse de la variedad “macho” del alimento, y de ahí lo de pimiento.

Existen muchas variedades de pimientos, no sólo según su color sino también su sabor, como el morrón, piquillo, padrón o guernica. Pero sus beneficios y propiedades son muy similares entre todos.


Lo más característico es que tiene un alto contenido en agua y fibra, mientras que aporta muy pocas calorías (20 calorías por cada 100 gr). Esto hace que produzca sensación de saciedad y lo convierte en un alimento muy útil para dietas de control de peso.

Otra cosa sorprendente es que es rico en vitamina C, especialmente el rojo, aportando 190 mg por cada 100 gr de pimiento fresco. ¡Eso significa que tiene tres veces más vitamina C que las naranjas!

Pero también contiene otras vitaminas como la A, E, B6, B3, B2, B1 y ácido fólico. Y en cuanto a los minerales destaca su alta concentración de potasio, seguido de fósforo, calcio y magnesio.



Entre sus principales beneficios podemos citar:
-          Refuerza nuestro sistema inmunológico ayudando a la producción de glóbulos blancos y anticuerpos.
-          Favorece el tránsito intestinal.
-          Es recomendable en embarazadas porque ayuda al crecimiento de los huesos del feto.
-          Favorece la absorción del hierro de otros alimentos, por lo que es bueno para personas con anemia.
-          Reduce la ansiedad y el insomnio.
-          Protege a las células de la contaminación y del envejecimiento prematuro, previniendo también la aparición de enfermedades degenerativas.

Es, en consecuencia, un alimento muy sano y nutritivo que puede cocinarse de formas diferentes y servir de complemento para numerosas recetas.

martes, 23 de octubre de 2018

Origen de la tortilla de patatas


La tortilla de patatas, o tortilla española, es un clásico en cualquier bar que se precie y también una de nuestras recetas más internacionales. ¿Qué turista que venga a nuestro país no quiere probarla?


Pues por si algún día alguno te pregunta de dónde viene este plato, aquí te lo contamos.


Sabemos que fue Pizarro quien trajo la patata desde América con el fin de alimentar con ella a los animales. ¡Qué desperdicio, la verdad! Pasarían muchos años hasta que algún pobre campesino se decidiese a comerla y a contar lo rica que estaba.


Y no fue hasta finales del siglo XVIII que se combinó con el huevo para dar lugar a la tradicional tortilla.


Fue en Extremadura, más concretamente en Villanueva de la Serena. Allí vivía un tal José de Tena y Godoy,  un economista que se preocupaba mucho del bienestar social y al que el tema del hambre de las clases bajas traía de cabeza.


Hay que tener en cuenta que en ese siglo había habido un aumento bastante grande de población y la situación económica no era muy buena, así que había que buscar un alimento abundante y barato.


A nuestro economista se le ocurrió mezclar la harina de trigo con harina de patata y hacer una especie de tortitas fritas que llenaban bastante y encima estaban ricas. Luego decidió añadir también huevos, y así se inventó la tortilla.


En 1848 ya aparecía la receta en los libros de cocina, pero no sería hasta veinte años después que encontramos la primera referencia a la inclusión de la cebolla. Parece ser que durante un tiempo también se le añadió ajo y perejil, pero pronto se volvió a la forma tradicional de cocinarla.


¡Y de ahí a conquistar el mundo!


Muchos dicen que la tortilla de patatas de Jurucha es una de las mejores de Madrid, y nosotros tan contentos, claro.


¿Por qué no te pasas y nos das también tu opinión?

jueves, 20 de septiembre de 2018

¿Quién inventó la mayonesa?


La mahonesa es un ingrediente muy importante en Jurucha, por eso hemos querido saber un poco más sobre la historia de esta rica salsa.


Y la verdad es que su origen es dudoso y provoca bastante polémica. Para los franceses, la mayonesa es francesa. Por eso se empeñan en llamarla “bayonesa”, en un intento de enraizarla con Bayona. Pero para los mahoneses, su origen está en la ciudad de Mahón, en Menorca. 



La versión francesa cuenta que en la Guerra de los 7 Años (1756-1763) atacaron la fortaleza inglesa de Saint Philip, en el puerto de Mahón. La operación estaba al cargo del Duque de Richelieu, sobrino del famoso cardenal. Para festejar la enorme victoria Richelieu ofreció un banquete que incluía una salsa creada por su chef, con crema y huevo. 

Al parecer, como no había crema, la hizo con aceite de oliva y huevo, creando de esta forma una nueva salsa de gran aceptación. En honor a la victoria en el puerto de Mahón, fue llamada “Mahonnaise”, que después cambió a “Mayonnaise”.

Según mucho estudiosos, la realidad es algo distinta. Seguramente Richelieu y su séquito, a lo largo de la toma de Mahón, pudieron probar el all-i-olli (una salsa hecha a base de aceite y ajo). Como para los refinados franceses el ajo era propio de gañanes, se lo quitaron y la enriquecieron con huevo.
Cuando se llevaron la receta a Francia, la llamaron mahonesa en recuerdo a la breve dominación balear.



Con los años, comenzaron a añadirle mostaza o especias, y la exportaron a otros países. En EEUU tuvo mucho éxito  y desde allí fue dada a conocer al resto del mundo. A América Latina el nombre de la salsa llegó del inglés (que de hecho era un vulgarismo francés pronunciado a la inglesa). Allí lo castellanizaron, llamándola mayonesa, sin saber que ya existía la palabra mahonesa.

Actualmente la RAE reconoce las dos formas de llamarla, y quizás este lío con los nombres es el que ha provocado la confusión con su origen.

Sea como sea, la mahonesa o mayonesa es una de las salsas que más fama tiene y más combinaciones admite, desde perfumarla con mostaza hasta añadirle un montón de ingredientes para obtener la rosa o Coktail, la tártara o, incluso, pasta de anchoas.

miércoles, 25 de julio de 2018

El origen del salmorejo


Cuando uno piensa en un plato fresquito para el verano, enseguida se le viene a la cabeza el salmorejo.
 
Símbolo de Córdoba, es una sopa fría muy sencilla de hacer; sólo lleva tomate, miga de pan, aceite, vinagre, ajo y sal.



Pero, ¿sabías que en su origen no incluía el tomate?

Al principio consistía sólo en una bebida de agua y vinagre en la que mojar pan y que, al parecer, era muy habitual entre los soldados romanos.  

En la época árabe se siguió haciendo algo parecido hasta dar lugar a la mazamorra o salmorejo blanco, que todavía se puede tomar en algunas regiones de Andalucía.

Al ser un plato barato y sencillo, se popularizó su consumo entre la gente humilde. 

Pero su característico color rojo no llegaría hasta finales del siglo XIX.

Recordemos, claro, que el tomate procede de América, por lo que no se conoció en nuestro continente hasta el siglo XVI.



El salmorejo se extendió fuera de Andalucía a lo largo del siglo pasado y, dado que se toma frío, se convirtió en una receta típica del verano.

Aunque bueno, en Jurucha nos gusta tanto… ¡que lo servimos todo el año! 



Además, no sólo está rico, sino que es muy sano.
 
Los tomates son una fuente natural de antioxidantes y ayudan a prevenir muchos tipos de cáncer. El ajo es antiinflamatorio, diurético, antiséptico… Y el aceite de oliva es parte imprescindible de nuestra dieta mediterránea por sus propiedades beneficiosas para la salud.

Así que ya sabes, si tienes antojo de algo rico y nutritivo, ven a probar nuestro salmorejo en cualquier época del año.